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Contexto

Ciutat de las Arts i les Ciències, Valencia, 2012. Fotografía: Pablo Martínez.
Tras la senda del desplazamiento. Valencia (1995-2007)

1 Las imágenes de la ciudad [1]

A mitad de los años noventa, una vez recuperada la crisis del 93, empezó a despegar en el Estado Español el conocido boom inmobiliario, animado notablemente por unas políticas públicas y marcos legales que lo avivaron y expandieron, tendentes a favorecer la liberalización del suelo y la reducción de vivienda pública. Desde el Observatorio Metropolitano de Madrid [2] han descrito brillantemente la génesis y las características de este ciclo inmobiliario, que delimitan entre 1995 y 2007, donde se aúnan singularmente la actividad constructora y continuas espirales de crecimiento del precio de los inmuebles, en un terreno de fuerte financiarización de la economía española.

Lógicamente, esta etapa encontró su réplica a escala local tanto en el País Valenciano como en la propia ciudad de Valencia, en un período dominado por una escandalosa multiplicación del ritmo de construcción de viviendas, localizadas preferentemente en la periferia de la ciudad [3]. Estas acompañaron un modelo caracterizado por los grandes proyectos urbanos, basados principalmente en la arquitectura espectacular, así como por la realización de eventos deportivos y culturales de impacto internacional. Bajo el paraguas de tal auge, proliferó toda una serie de imágenes y narrativas de la ciudad, muy vinculadas al propio marketing urbano, es decir, a la venta de la ciudad en un contexto de creciente competencia de las economías urbanas para atraer turismo e inversiones. Sin embargo, tales relatos poseían también una dimensión netamente local, en la medida en que buscaban crear adhesión y consenso en la ciudadanía hacia unas políticas urbanas de claro corte neoliberal. La idea de vender Valencia, por tanto, se conjugaba con el intento de volver hegemónico un modelo de hacer ciudad.

Estos discursos se encontraban estrechamente vinculados a los grandes eventos que acogía la ciudad de Valencia, y giraban principalmente en torno a la idea de globalidad de la misma [4], a una Valencia colocada en el mapa del mundo, foco de la atracción internacional. Se trataba de narrativas compartidas por los diferentes segmentos que componen las élites de la ciudad [5] , cuyas imágenes dominantes aparecían muy vinculadas a la arquitectura icónica de la fachada marítima: al edificio Veles i Vents de David Chipperfield, la Ciudad de las Artes y las Ciencias o al propio circuito de Fórmula 1. Igualmente, se subrayaba continuamente el momento histórico que vive el Cap y casal [6], destinado a marcar un antes y un después en la entrada del siglo XXI, enfatizando y exagerando la idea de modernidad y vanguardia [7].

Estos posicionamientos, que unos pocos años después nadie se atreve a recordar, se volvieron dominantes entre la ciudadanía en una Valencia que parecía vivir sus años dorados. La derecha local articuló un discurso globalista marcadamente neoliberal, acompañado de una retórica de modernidad y progreso que fue ampliamente apoyado en sucesivas elecciones autonómicas y locales. Todo ello generó nuevos procesos de identificación que paseaban orgullosamente la valencianidad, «pero no en la forma de la anterior queja blavera [8], sino a través de la proyección a España y al mundo a partir de una política de grandes eventos espectaculares» [9].

Para encontrar aquellas prácticas y posiciones contestatarias consolidadas durante este periodo es necesario acudir al denominado movimiento de los Salvem, quienes unos años antes de la llegada de los grandes eventos encabezaron una oleada de contestación a las políticas urbanas locales. Se trataba de nuevos movimientos vecinales que combinaron la lucha contra diferentes proyectos urbanísticos y el desplazamiento vecinal resultante de los mismos, con la defensa y demanda de protección de unos bienes y entornos considerados patrimoniales. El barrio del Cabanyal, diferentes zonas de la huerta que rodea la ciudad como la Punta o el Jardí Botànic, entre otros, vieron desarrollarse colectivos de estas características. Al calor de dichas movilizaciones, se generó todo un discurso sobre Valencia que denunciaba la expansión acelerada de procesos especulativos desde una óptica marcada por un fuerte acento patrimonialista, donde la defensa de la huerta y otros entornos tradicionales de la ciudad ocupaba una centralidad fundamental [10].

Efectivamente, muchos de los activistas de los Salvem (Salvem L´Horta, Salvem el Botànic, Salvem El Cabanyal, etc) trataron de defender dignamente a aquellos vecinos en riesgo de expropiación y expulsión de las huertas de Campanar o del barrio del Cabanyal, atribuyendo en líneas generales dicho fenómeno a la especulación urbanística. Sin embargo, esta idea solo capturaba una parte del proceso sin generar una visión más amplia del mismo. Poco espacio quedó para el uso de otras herramientas analíticas, como es el caso de la idea de gentrificación. Esta parece útil para dar cuenta de algunos procesos de desplazamiento vecinal y sustitución residencial que ha vivido Valencia en las últimas décadas.

De manera breve, el término gentrificación es comúnmente definido como un proceso que implica una transformación de clase o estatus en los habitantes y residentes de un barrio determinado, siendo desplazados aquellos grupos que ocupan un lugar más bajo en la estructura social en aras de la llegada al lugar de clases sociales medias o medias-altas. Este fenómeno suele ir asociado a la rehabilitación o regeneración de cascos históricos, que anteriormente han sufrido procesos de desinversión, abandono y/o degradación, lo que constituye una diferencia en el potencial de renta obtenible mediante un uso más lucrativo del suelo y la vivienda por parte del sector inmobiliario.

Si se examina Valencia con detenimiento, es difícil explicarse el porqué de la poca relevancia e implantación que el término gentrificación tiene, ya no solo en los diferentes movimientos sociales a los que antes se aludía, sino también en la gran mayoría de investigaciones de carácter académico o incluso en diferentes sectores de la cultura. Más aun cuando, especialmente desde la década del 2000, en muchas otras ciudades del Estado se ha difundido el uso de este concepto para denunciar los procesos de transformación urbana de sus barrios históricos [11].

En estas páginas nos proponemos trazar un hilo a partir de la idea de gentrificación que revise y enlace, a la luz de la misma, los casos de Velluters, Nou Campanar y el Cabanyal, como puntas de lanza de la gentrificación autóctona en los años del boom inmobiliario. Se busca elaborar una nueva narrativa que nazca de la idea de sustitución residencial y que pivote sobre la cuestión de la clase social en el análisis de los fenómenos urbanos, observando el ciclo inmobiliario desde la práctica del desplazamiento. Buscamos sostener unas líneas generales y pautas comunes, vinculándolas a la abundante literatura sobre el tema, para apuntar otras maneras de pensar, imaginar y narrar Valencia. Anotaciones que pueden servir para que los movimientos vecinales empecemos a mirar la ciudad desde otros prismas.

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Barrio de Velluters, Valencia, 2012. Fotografía: Pep Benlloch.


2 Tres casos de gentrificación

Velluters: Una transformación en el olvido

El barrio de Velluters se ubica en el casco histórico de la ciudad, en el distrito de Ciutat Vella (Ciudad Vieja). La población que habitaba el área a mediados de los ochenta era de origen muy humilde, bastante envejecida y mayoritariamente inquilina, si bien también se mantenía población de clase media muy apegada emocionalmente a la zona. Conocido con el sobrenombre de El Chino, existía una prostitución que ejercía y residía en el barrio además de un gran tráfico y menudeo de droga. La zona venía sufriendo una fuerte desinversión desde décadas atrás, prácticamente desde la riada del Turia en 1957 [12], de manera que a mediados de los ochenta presentaba un estado de abandono total, con un paisaje urbano caracterizado por la proliferación de solares y de edificios en ruinas y deshabitados, así como por la falta de equipamientos urbanos básicos, como contenedores o alumbrado público.

Para hacer frente a esta situación, en 1992 se aprobó el PEPRI (Plan Especial de Protección y Reforma Interior) de Velluters, donde se concretaban las unidades de actuación a ejecutar que quedarían posteriormente, en 1994, fijadas en una estrategia unitaria con el Plan Urban, financiado por la Unión Europea. Dichas unidades de actuación giraban en torno a una intensa intervención basada en la renovación del corredor central norte-sur del barrio, que contemplaba la reestructuración de la zona, previo derribo de la edificación existente. El plan buscaba con ello crear espacios libres y esponjamientos, así como dosificar los usos residenciales para localizar actividades que generasen centralidad. La operación pretendía realizarse respetando la población residente en la zona, para la que se proponía el realojo tras el elevado número de expropiaciones por el que se apostaba.

A pesar de las reivindicaciones vecinales, la ejecución del plan a lo largo de la década del 2000 ha supuesto finalmente un fuerte desplazamiento de residentes, articulado principalmente a través de tres ejes. En primer lugar, el lapso de tiempo existente entre el momento de la expropiación y la construcción de las viviendas para el realojo ha generado que este apenas se haya producido: al tratarse mayoritariamente de una población de avanzada edad, con pocos recursos económicos, gran parte de la misma ha fallecido sin volver nunca al barrio [13]. En segundo lugar, la gran permisividad para con los constructores ha provocado que las declaraciones de ruina sean una constante en el barrio desde los años ochenta, siendo uno de los principales mecanismos de expulsión del vecindario así como de situaciones de acoso inmobiliario. Por último, la rehabilitación de viviendas, tanto con las ayudas públicas del plan como por parte de la iniciativa privada, ha generado en ocasiones la salida de parte de la población inquilina, que no ha podido pagar los nuevos alquileres y se ha marchado de la zona.

Con el paso de los años, Velluters empieza a recuperar tímidamente población y atraer nuevos vecinos jóvenes, que conviven con zonas donde aún está anclada la prostitución y el tráfico de drogas. Se trata de un proceso de gentrificación con ciertos límites, por la notable presencia de vivienda de protección así como por una mínima presencia de realojo. Aun así, es uno de los casos de desplazamiento de población que menos presentes están en la memoria de la ciudad y que más en silencio permanecen incluso en las propias imágenes y discursos subalternos sobre Valencia.

Campanar: Una gentrificación a la valenciana

Campanar se sitúa en el extremo noroeste de Valencia y como gran parte de la periferia de la ciudad, limita con las huertas periurbanas de regadío que la circundan. Son entornos agrícolas de carácter minifundista a las puertas de la urbe, trabajados en su mayoría por labradores con una media de edad bastante elevada, donde se mezclan algunos agricultores que siguen viviendo de dicha actividad con otros muchos que la practican a tiempo parcial. Se trata de una labor en cierto declive frente a la rentabilidad que generaba décadas atrás. En el caso de Campanar, l’Horta del Pouet era una de las partidas más conocidas del término. A mediados de los años noventa, vivían en la zona unas treinta familias repartidas por las diferentes alquerías que se localizaban junto a los campos, algunas de gran valor patrimonial, configurando un entorno con una densidad poblacional muy baja.

En el año 1996, una agrupación de grandes constructoras valencianas presentó dos planes urbanísticos sobre la partida mencionada, Campanar Este y Campanar Oeste, que contemplaban la creación y consolidación de un nuevo núcleo urbano, Nou Campanar. Dicha coalición empezó a comprar zonas de huerta con gran celeridad, de modo que, una vez adquirido un buen porcentaje de las mismas, el Ayuntamiento aprobó ambos planes y procedió a la expropiación de los vecinos que habitaban el Pouet, sin ofrecer ninguna opción de realojo, dando lugar a un abanico de situaciones de acoso inmobiliario y de derribos realizados en los límites de la legalidad. La operación coincidió en el tiempo con la instalación en la zona de uno los grandes puntos de venta de droga de la ciudad, la zona conocida como Las Cañas, lo que revirtió en una rápida degradación del entorno. Casualmente, una gran operación policial desmontó este supermercado del menudeo en el 2002, fecha en que las obras de Nou Campanar se acercaban a su fin [14].

Nou Campanar se ha convertido con los años en un entorno de clase media acomodada, para lo cual ha contado con la extraordinaria publicidad de la falla Nou Campanar [15] y sus impactantes formas de marketing. Presidida por uno de los principales constructores del plan, fue ganadora del premio a la mejor falla desde el 2004 al 2009, con un presupuesto completamente desorbitado. En definitiva, se trata de un caso de gentrificación bastante singular de Valencia al producirse en los pequeños núcleos diseminados que se ubican en los límites de la ciudad, hecho que posibilita que este proceso pueda replicarse en otros entornos similares de la periferia urbana.

El Cabanyal: la larga herida del frente marítimo

Por último, el tercer caso aquí revisado es el del Cabanyal, barrio de origen marinero situado en la fachada marítima de la ciudad. El Cabanyal es una zona de una gran heterogeneidad social, habitada tanto por clases medias acomodadas como por trabajadores, además de contar con grupos de población en riesgo de exclusión, principalmente de etnia gitana. El barrio cuenta además con una gran singularidad arquitectónica, con magníficas muestras de modernismo popular. En 1997, el Ayuntamiento presentó el PEPRI (Plan Especial de Protección y Reforma Interior), cuya actuación central era el proyecto de ampliación de la avenida Blasco Ibáñez —vial que hasta el momento se detiene en los inicios del barrio— proponiendo su prolongación hasta el mar. Para ello, era necesario expropiar y derribar 1650 viviendas afectadas por dicha ampliación. Igualmente, el proyecto contemplaba la ejecución de un bulevar en perpendicular a la futura avenida. La actuación cabe enmarcarla en la idea de las administraciones públicas de articular un nuevo espacio de centralidad urbana en el frente marítimo [16].

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Barrio del Cabanyal, Valencia, 2012. Fotografía: Pep Benlloch.


La zona de afección del proyecto es hoy un escenario de guerra caracterizado por la suciedad de las calles, el mal estado de las viviendas, muchas de ellas tapiadas, o la multiplicación de los espacios vacíos a causa de las casas que el Ayuntamiento ha conseguido derribar. A ello se suma el tráfico de droga existente en esa área [17]. Parte del vecindario culpabiliza a las instancias públicas del deterioro, mientras que estas defienden la intervención como la medida que acabará con tal degradación. Igualmente, argumentan que el nuevo vial permitirá una mejor conexión de la ciudad con el frente marítimo: «un abrazo de Valencia al mar».

En 1998 se creó una plataforma de vecinos bajo el nombre de Salvem el Cabanyal, que buscaba paralizar el proyecto de ampliación de la avenida, abogando por formas de rehabilitación sin expulsión. Desde entonces, ese colectivo ha conseguido paralizar el proyecto a través de sucesivas denuncias en las diferentes instancias judiciales, basándose principalmente en el valor patrimonial del barrio. Actualmente, el conflicto se encuentra esperando la enésima resolución, en este caso, del Tribunal Constitucional.

El caso del Cabanyal, aún sin cerrar, constituye el único caso de paralización de un proceso de gentrificación en Valencia. Basado en una gran operación que pretende revalorizar el frente marítimo de la ciudad, el movimiento vecinal ha conseguido que, quince años después de la aprobación definitiva del PEPRI, este siga sin ejecutarse, si bien el proceso de degradación de la zona es cada día mayor.

3 Algunas notas comparativas

La existencia de estos tres casos nos permite trazar algunas comparaciones entre ellos, así como entre los mismos y la extensa literatura existente sobre la gentrificación, convertida hoy en una de las estrategias dominantes del urbanismo global. Estas notas deben contextualizar los principales agentes del proceso de gentrificación, el tipo preferente de desplazamiento, la geografía de la producción de espacios gentrificados y, por último, qué aprendizajes generamos desde los movimientos sociales y de oposición a estas dinámicas.

En primer lugar, y comparando los tres casos citados, queda claro que estos comparten una misma lógica: se trata de zonas inmersas en procesos de degradación y desinversión o en su defecto, en una tendencia de declive económico y abandono de la actividad productiva en el que la administración pública ejerce un protagonismo central en el proceso de rehabilitación o transformación. Especialmente en Velluters y el Cabanyal, el ente mencionado es el auténtico animador del proceso a través de los planes especiales sobre el área. Tal intervención busca la revitalización y revalorización de los espacios afectados en una nítida alianza con los intereses del sector inmobiliario.

Dichas dinámicas enlazan perfectamente con las características centrales de las políticas urbanas neoliberales, que han venido penetrando en la administración desde los años ochenta. En estas, los poderes públicos locales adquieren una actitud proactiva hacia el crecimiento económico, espoleándolo e incentivándolo, al intensificar de múltiples formas la colaboración con la iniciativa privada. De hecho, para algunos autores, «la generalización de la gentrificación como una estrategia urbana global juega un rol básico en el urbanismo neoliberal» [18]. En el caso que nos ocupa, los procesos de gentrificación, junto a los grandes proyectos urbanos (GPU) y la acogida de grandes eventos espectaculares, formarían una tríada que ha buscado potenciar y multiplicar principalmente los beneficios de los sectores inmobiliario, financiero y hostelero, modificando severamente la fisonomía de Valencia. En estos años las administraciones públicas han sido fervientes seguidoras del dogma neoliberal de la gota de aceite, según el cual, un crecimiento económico lubricado por lo público beneficia primeramente a los sectores empresariales, si bien acaba expandiéndose, como si de dicha gota se tratase, a todas las capas de la población.

En segunda instancia la literatura de origen anglosajón sobre este tipo de fenómenos, acostumbrada a roles del estado menos prominentes, ha conceptualizado cuatro vías principales de desplazamiento: desplazamiento directo del último residente, de cadena directa, desplazamiento exclusionario y presión para el desplazamiento [19]. Ahora bien, en ninguna de ellas ubicamos cómodamente la vía dominante en Valencia, aunque las tipologías mencionadas puedan también ser, en algunos casos, rastreadas. Aquí, la iniciativa pública ha encabezado, o aún hoy pretende liderar, grandes operaciones de reestructuración basadas en numerosas expropiaciones de vecinos, lo que la configura como la forma de desplazamiento preferente. Todo ello parece asimilarla más, siendo conscientes de las distancias, a las slum clareance (demolición de barrios pobres) que Slater [20] relaciona con los países en vías de desarrollo. Pese a que ya se ha alertado sobre el diferente papel que juega el Estado en el análisis de este tipo de fenómenos en Europa Occidental [21], la vía valenciana hacia la de expulsión que la diferencian y singularizan, sin ser la única, frente a otros casos tanto del continente como de la península.

En tercer lugar, una geografía de la producción de gentrificación debe advertir del desarrollo de la misma en diferentes áreas de la ciudad, así como de la existencia de otras zonas potencialmente gentrificables a lo largo y ancho de Valencia. Los casos aquí revisados se corresponden con diferentes entornos de la urbe: Velluters se ubica en el centro histórico, espacio originario de esta clase de transformación. El Cabanyal y Campanar fueron ambos municipios independientes a lo largo del siglo XIX, siendo anexionados a la ciudad a finales del mismo. El primero es la zona de mayor enraizamiento histórico del frente marítimo, mientras que Campanar se sitúa al oeste de la ciudad, en un área periférica vinculada a la huerta. Así pues, la senda de la gentrificación en los años de la expansión urbanística se despliega por igual en el centro histórico, la fachada marítima y los barrios vinculados a la huerta.

El proceso de crecimiento de la ciudad a finales del XIX y principios del XX, cimentado en la incorporación de pequeñas poblaciones de la huerta, multiplica los espacios gentrificables en la ciudad del Turia. Valencia se encuentra con una diseminación de pequeños cascos históricos susceptibles de ser regenerados o transformados. Se trata de todos aquellos barrios que aún hoy siguen «yendo a Valencia», en expresión de Sorribes [22], ya que combinan su pertenencia física a la ciudad con construcciones identitarias que la separan difusamente de la misma. Como ejemplos, habría que mencionar el ya iniciado proceso de gentrificación de Russafa que completaría el póker de casos, si bien en un estadio posterior y con unas características diferenciadas. O la atención que merece el caso del centro de Benimaclet, cada vez más lleno de comercios a la última moda, atrayentes de población. Sant Vicent de la Roqueta, aun respondiendo a otra tipología de barrio, también aparecería como una zona susceptible de sufrir este proceso, dada su centralidad, la población hoy residente y la hipotética construcción del Parque Central a su lado [23].

Por último, y volviendo a la idea inicial, es necesario que los movimientos sociales actualicemos los conceptos e ideas que vertebran los análisis que se realizan del territorio, dando paso a una nueva oleada de términos que afinen nuestros diagnósticos de los procesos urbanos. En primer lugar, por las luchas por venir pues como se ha dicho, la gentrificación se ha convertido ya en una dinámica central de las estrategias del urbanismo neoliberal y de los procesos de acumulación de capital de las economías urbanas, lo que augura futuros procesos en este sentido una vez el sector inmobiliario vuelva a asomar la cabeza; en segundo, para ajustar las demandas y propuestas concretas que se pongan encima de la mesa, ya que algunas veces en el pasado estas han apuntado a la rehabilitación de los barrios por medio de medidas que incitaban o podían animar indirectamente, a la sustitución residencial.

La generación de nuevas narrativas no solo debe detenerse en la identificación de las políticas urbanas y en observar cómo estas operan en el territorio: también deben ahondar en los marcos en que se mueven bastantes de los movimientos que se han ido consolidando en Valencia en los últimos años y que, en contraposición a lo expuesto, podrían caracterizarse por una especie de articulación del commonfare en la ciudad: la red de huertos de Valencia, con el ejemplo puntero del caso de Benimaclet; el solar autogestionado de Corona; la nueva oleada de centros sociales okupados o las demandas de equipamientos públicos de gestión comunitaria. Todos ellos son ejemplos de la proliferación de experiencias en torno a la generación de bienes comunes en los modos de hacer ciudad, prácticas que se levantan alrededor de la cooperación social y la construcción colaborativa del espacio.

En definitiva, debajo de aquella Valencia sobre la que en medio del delirio urbanizador «se posaban los ojos del mundo», emergen tres casos de gentrificación que recorren diferentes zonas de la ciudad, como son los barrios de Velluters, Campanar y el Cabanyal, este último paralizado hasta la fecha. Todos comparten, con menor o mayor intensidad, un rol prominente de las administraciones públicas, tanto en la dinamización del proceso como en la ejecución de la sustitución residencial.

Esta senda está hecha de historias escritas con el dolor y el sufrimiento de los vecinos de la ciudad, por lo que es necesario trazar estrategias de renombramiento de las dinámicas que atraviesan los años dorados del negocio inmobiliario, dando forma a una narrativa del desplazamiento. Detrás de la arquitectura icónica y el urbanismo de maqueta quedan miles de historias no contadas. Es ineludible recuperar las imágenes y la memoria de estos espacios y gentes, especialmente en aquellos lugares en los que, después ya de unas décadas, sus relatos siguen vergonzosamente en el olvido.





[1Este artículo se basa en las investigaciones de campo realizadas sobre el Cabanyal y el frente marítimo de la ciudad (2007-2008), y en la que se lleva a cabo actualmente en el barrio de Velluters (2012-2013).

[2RODRIGUEZ, EMMANNUEL Y LÓPEZ, ISIDRO: «Del auge al colapso. El modelo financiero inmobiliario de la economía española (1995-2010)», Revista de economía crítica, nº 12, 2011. Estos investigadores se han referido acertadamente al papel de las políticas estatales en la creación y crecimiento de la burbuja como un «keynesianismo vuelto del revés».

[3GAJA, FERNANDO: «El Boom de València o la ciutat com a espectacle», en vv. aa ., El llibre verd del territori valencià, Escola Valenciana, Valencia, 2006, pp. 203-215.

[4«He repetido muchas veces que la America’s Cup es la gran oportunidad histórica para proyectar Valencia al mundo», Rita Barberá en la nota de prensa del Ayuntamiento de Valencia, 14-03-07 en http://www.valencia.es/. Última consulta el 22-05-08.

[5«La Fórmula 1 ha situado la capital de la luminosidad a la luz de todo el mundo. El planeta ha tenido la misma fortuna que el magnate británico. Ha podido percatarse de un enclave sorprendente en el que vehículos con 800 caballos de potencia se deslizan sobre el mar». Editorial, Las Provincias, 25-08-08, p.2. «El 24 de agosto del 2008 será el día en que el mundo descubra una nueva Valencia», Fernando Roig en Levante-emv, 29-07-07, p.47.

[6Una de las maneras locales de referirse a la ciudad que enfatiza la capitalidad e importancia en la región.

[7«Ayer se terminó un acto más de la exposición de la Valencia del siglo XXI», Francisco Camps, diario Levante-emv, Valencia, 04-07-2007.

[8El blaverismo es la denominación con que frecuentemente se conoce a un movimiento político de derechas de reacción contra la corriente catalanista del nacionalismo valenciano, articulado principalmente en torno al secesionismo lingüístico de la lengua catalana.

[9HERNÁNDEZ, GIL-MANUEL: «Del Blaverisme al globalisme», diario Levante-emv, Valencia, 27-06-2007, p. 4.

[10Diferentes investigaciones han tratado de conceptualizar dichas prácticas colectivas como movimientos en defensa del patrimonio, ALBERT RODRIGO, MARÍA: «El patrimonio cultural y la sociedad civil», en Hern ández, Gil-Man uel; Santa mar ina , BEATR IZ; MONCUSÍ, ALBERT ; ALBERT RODRIGO, MARÍA: La memoria construida, Valencia, Tirant Lo Blanch, 2005. GÓMEZ FERRI, JAVIER : «Del patrimonio a la identidad. La sociedad civil como activadora patrimonial en la ciudad de Valencia», Gazeta de Antropología, en http://www.gazeta-antropologia.es/, 2004. Última consulta realizada el 04 de mayo de 2008.

[11Diferentes investigaciones se han realizado en Sevilla, Tenerife, Granada o Bilbao sobre procesos de gentrificación. En Madrid, se deber subrayar el movimiento anti-Triball en Malasaña. En Barcelona, sobre el Raval, se puede reseñar una vasta literatura sobre el mismo así como diferentes movimientos vecinales que han denunciado tal proceso.

[12El río Turia, que hasta los años cincuenta atravesaba la ciudad, se desbordó e inundó Valencia en 1957, afectando enormemente al casco viejo.

[13«Las viviendas destinadas al realojamiento de las numerosas familias afectadas por las expropiaciones no se han edificado o permanecen vacías, deteriorándose a la espera de que unos vecinos obligados a practicar el nomadismo las ocupen». Así se expresan los vecinos del barrio en el artículo MONTESINOS I MARTÍNE Z, JOSEP: «Ciudad, patrimonio y ciudadanía», en Ingeniería y Territorio, 75, Barcelona, 2006, pp. 96-103. Esta descripción se reproduce prácticamente igual en nuestras entrevistas en el barrio.

[14Frente a toda esta situación se alzó la asociación Salvem el Pouet, un colectivo que juntaba vecinos de la zona y afectados y que trató de oponerse a los desalojos, primero, y al derribo de las edificaciones históricas después. Realizaron un buen número de acciones, si bien no consiguieron ninguno de sus propósitos.

[15Las fallas son la fiesta más importante de la ciudad de Valencia. Se trata de asociaciones que se agrupan por calles y barrios montando cada una de ellas un monumento, normalmente basado en la sátira y la ironía, que se quema la noche del 19 de marzo. Las fallas compiten entre ellas por ver cuál se hace con el premio al mejor monumento, congregándose la burguesía local en torno a las agrupaciones con mayor presupuesto de la ciudad.

[16Esta iniciativa está evidentemente vinculada a la construcción del Museu de les Arts i de les Ciències en el cauce del río Turia y a la realización de los grandes eventos deportivos en dicha área. Sin embargo, la operación debía ser coronada por otros dos proyectos, ambos paralizados desde hace años, como son la intervención sobre el final del cauce en forma de un gran delta verde con edificios de gran altura, así como la definitiva conversión, tras la realización de la Copa América, de la dársena interior del Puerto en un espacio ciudadano de recreo y ocio.

[17BODÍ RAMIRO , JULIO; SANTA MAR INA , BEATR IZ; LÓPE Z NICOLÁS, MIREIA: «La exclusión como marca de gentrificación. Degradación, desintegración, y desigualdad en el Cabanyal-Canyamelar», Inguruak, 48-49, Bilbao, 2011, pp. 229-244.

[18SMITH , NEIL: «New globalism, new urbanism»

[19MARCUSSE , PETER : «Gentrification, abandonment and displacement: connections, causes and policy responses in New York City», Journal of Urban and contemporary Law, 28, Washington, 1985, pp. 195-240. Por desplazamiento directo de último residente se entiende el declive físico del edificio (cortes de calefacción, goteras sin reparar) o económico (subida del alquiler) de los últimos vecinos. El desplazamiento de cadena directa concierne a aquellos residentes que se hayan podido marchar por estas mismas causas en momentos anteriores. La presión del desplazamiento guarda relación con la presión recibida por vecinos de clases trabajadoras en entornos ya transformados, donde los comercios y vecinos que se frecuentaban ya han desaparecido. Por último, el desplazamiento exclusionario se refiere a los vecinos que no se pueden permitir un cambio de vivienda en su barrio al haberse gentrificado.

[20SLATER , TOM: «Missing Marcusse: on gentrification and displacement», en City, vol.13,Nueva York, 2009, pp. 293-311.

[21DÍAZ PARRA , IBÁN: «La gentrificación en su contexto. Aspectos esenciales del desarrollo de la gentrificación en el Estado». Ponencia en Jornadas Nacionales: Espectacularización y precarización urbanas. Miradas glocalizadas. Salón de actos de la Facultad de Ciencias Sociales, Universitat de València, Valencia, 2012.

[22MONFORT , VICENT Y SORRIBES , JOSEP : «Asertos incómodos. A contracorriente». Papers del Roure, nº 2, Valencia, 2004.

[23HACKWORTH , JASON Y SMITH , NEIL: «The changing state of gentrification», Tijdschrift voor Economische en Sociale Geografie, 92, Oxford, 2001, pp. 464-477. Estos autores caracterizan la tercera fase de los procesos de gentrificación, que se inicia a partir de los años noventa, por la expansión de la gentrificación por toda la ciudad: «Una generalización de la gentrificación por el paisaje urbano. La gentrificación se ha convertido en los noventa en una estrategia urbana crucial en los gobiernos locales en consonancia con el capital privado».

Concreta 01

Contexto

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Esteban Pujals analiza el nacimiento, el desarrollo y la transformación de la poesía concreta entre las décadas de los cincuenta y los setenta y la pone en perspectiva diferenciando los estilos «limpios» emuladores del diseño gráfico y los anarquizantes estilos «sucios».

Intercambio

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Jürgen Bock conversa con Ângela Ferreira sobre las relaciones entre su práctica artística y la historia colonial que ha acompañado su carrera, basada en las contradicciones que plantea el discurso de la modernidad.

Traducciones

Marie José Mondzain propone una meditación sobre el origen de la imagen como gesto esencial de nuestra separación de la naturaleza y plantea su destino en el compartir temporal entre sujetos, en la autoridad conseguida por el reconocimiento del otro.

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Laura Vallés presenta Aspen magazine «la revista en una caja», editada por Phyllis Johnson en Nueva York entre 1965-71 y diseñada por artistas como Andy Warhol, Brian O’Doherty o Dan Graham.

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Alberto López Cuenca examina cómo los premios estrechan el vínculo entre el funcionamiento de la marca como generadora de valor y el arte como su caso emblemático al encarnar la producción desproporcionada de capital.