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Concreta 10

Arte y turismo

Desde sus orígenes la experiencia artística moderna se mantiene en abierta oposición con la experiencia turística. La primera correspondería a un individuo culto, que actúa de manera libre y creativa, la segunda a alguien irreflexivo, que se comporta de un modo alienado y programado. A una le concedemos autenticidad, intensidad para afectarnos y trastocarnos, la otra sería solo una pseudoexperiencia mercantilizada. Sin embargo, una vez que el arte de los sesenta prescinde del escudo protector de la experiencia estética (pura), una vez que la obra deja de ser un objeto a contemplar para convertirse en una experiencia en sí misma, en una vivencia entre otras, seguir manteniendo el viejo orden jerárquico entre vivencias auténticas y espurias resulta problemático. Las contradicciones están interconectadas. De un lado, nuestra idea común sobre el turismo está condicionada por los efectos negativos de la industria. De otro, la percepción del fenómeno como algo enojoso y banal refuerza la convicción de que no merece reflexión teórica. Cuando en 1958 Hans Magnus Enzensberger publique una precoz «teoría del turismo», insistirá en la significativa resistencia de la «inteligencia» a considerarlo un tema digno del análisis crítico. Apuntaba dos razones: una, el que la Historia se ocupa de los pueblos, no de la gente, motivo por el cual, «como algo propio de la gente, todavía carece de una comprensión histórica». La otra, que el desprecio moderno por el turista no es algo externo al fenómeno, sino un elemento consustancial al mismo desde el Romanticismo. Por ello, las críticas negativas basadas en el menosprecio permanecen ciegas a su verdadera naturaleza, es más, sostenía que la ofuscada ingenuidad de estos argumentos aumenta con el uso de apelaciones cultas, artísticas o metafísicas.

Si obviamos los estudios generados desde las ciencias sociales con una perspectiva parcial e instrumental, como investigación aplicada a su mejoramiento, el turismo, en efecto, ha tardado en convertirse en objeto de estudio académico. La publicación en 1976 de El turista, de Dean MacCannell, marcó el inicio de una teoría y un pensamiento crítico merecedores de ese nombre. En su libro asumía la tesis de que «el ocio refleja la estructura social» (Veblen), pero concebía el viaje de ocio como un «ritual moderno» cuyas atracciones constituyen una tipología no planeada de estructura análoga a las del simbolismo religioso (Durkheim). La tendencia disgregadora de la modernización incrementa la complejidad de las diferenciaciones sociales —de clase, estilos de vida, raza, género, ideología, profesión, etc.—. Las atracciones son un reflejo no premeditado de estas diferenciaciones que permiten al turista desarraigado construir totalidades a partir de experiencias dispares. Desde esta perspectiva, el turismo es uno de los sistemas de ordenamiento social y cultural más efectivos de la modernidad.

En este marco, los eventos artísticos se verían amenazados si se confundieran con el turismo; los acomodaticios discursos en la estela de la teoría crítica, dominantes en la escena artística actual, cumplen la función reconfortante y protectora de mantener separados a los idiotas alienados de los críticos conscientes. Pero la pervivencia de esta división en el mundo del arte, repleto de esnobs haciendo tours —nosotros mismos—, comienza a resultar cómica. Museo y turismo nacen a la par, ambos tienen encomendada una función histórica semejante: uno, la misión imposible de reunir, ordenar y dar unidad en un mismo escenario a los fragmentos dislocados del mundo —la historia, la naturaleza—; el otro, la tarea igualmente imposible de ofrecer la ilusión de unidad mediante la escenificación espectacular de la historia y la naturaleza localizadas en emplazamientos discretamente acondicionados para el viajero. La musealización del mundo y su turistización forman parte de un mismo proceso. La novedad es que hoy la masificación y la mercantilización han saturado los dispositivos discursivos que los mantenían separados y han dejado a la vista esa raíz común en toda su crudeza.

En este número recordamos lo que Smithson ya sabía: que la tierra toda debía imaginarse como un museo de historia natural. De aquí que la dialéctica de sus non-sites contribuya a iluminar la construcción de los «lugares» turísticos y que, como bien indica James Meyer, el surgimiento de los site-specifics deba ser interpretado por su relación dialéctica con el incremento de la movilidad. Lanzarote es un site-specific singular, una isla convertida en «obra de arte total», nos dice Mariano de Santa Ana, gracias a la industria turística. La misma que construye playas como enormes non-sites, resultado de la plena correspondencia, sostiene Vicente Benet, entre representación visual y escenificación constructiva. Un museo tan estático como el del Prado también potenció sus atractivos, insiste Eugenia Afinoguénova, para movilizar a sus visitantes por motivaciones identitarias. Beatriz Herráez aborda el caso de la sede ateniense de la última documenta, cuyo discurso expresamente político permanecía confortablemente ciego hacia su propia realidad como evento artístico-turístico, una contradicción que algunos de sus «anfitriones» hicieron explícita acusándoles de practicar, significativamente, un «turismo de la miseria». Roberto Gil se ocupa de la teoría del souvenir de Fernando Estévez, un adelantado en tomarlo en serio, no para convertirlo en algo «serio», decía, sino porque «la banalidad es una condición de nuestra existencia, lo que sí es una cosa muy seria». Su propuesta es un grito a favor de la liberación de las cosas frente a su sometimiento por los dispositivos museístico y turístico. Finalmente, Dean MacCannell nos explica con amplitud su tesis del turismo como búsqueda de experiencias auténticas, entendiendo la autenticidad como un efecto retórico alimentado por la percepción de la inautenticidad de nuestra vida cotidiana. De todo ello cabría deducir una familiaridad todavía impensada entre las vivencias del arte desde los años sesenta y su paralela mercantilización en la cultura popular del turismo.

Revista

Concreta 00

Concreta 00 (otoño 2012) reflexiona sobre otros modos, manifestaciones o formas de montaje fundamentales para pensar la imagen, y que tienen que ver con los conceptos de edición, seriación y copia. Cuenta con la colaboración de José Emilio Burucúa, Laura Malosetti, Enric Mira, Matthew Fuller, Damián Ortega, Pablo Lafuente, María Berríos, Max Schumann, Óscar Faria, Álvaro de los Ángeles, Milene Trindade y Oriol Fontdevila; así como de los artistas Ahmad Hosni, Yuri Shibuya, Xisco Mensua y Superflex.

Concreta 01

Concreta 01 (primavera 2013) recoge una serie de ensayos, conversaciones y proyectos que se aproximan a la idea de desplazamiento entendido no solo como traslación, movimiento u oscilación, sino como posicionamiento estético y político en la práctica artística contemporánea que investiga el territorio como lugar de lo común y espacio de diálogo, pero también como lugar de confrontación. Cuenta con la colaboración de Jean-François Chevrier, Lluis Benlloch i Calvo, Esteban Pujals, Enrique Vila-Matas, Graciela Carnevale, Nacho París, Ângela Ferreira, Jürgen Bock, Marie José Mondzain, Peio Aguirre, Laura Vallés, Maia Creus y Alberto López Cuenca; así como de los artistas Xavier Ribas, Anna Boghiguian y Carla Filipe.

Concreta 02

Concreta 02 (otoño 2013) reflexiona sobre el rastro y el rostro, así como las experiencias del tiempo y la disposición performativa del arte para ir mas allá de la producción de objetos y plantear acciones. No se trataría ya de cómo hacer arte sino de qué hacer a través del arte. Cuenta con la colaboración de Liz Kotz, Lola Hinojosa, Maria Muhle, Teresa Lanceta, Ricardo Basbaum, Thierry de Duve, Lorena Muñoz-Alonso, Víctor del Río, Mela Dávila, Nataša Petrešin-Bachelez y Enric Mira; así como de los artistas Yto Barrada, Vicente Tirado, Oier Etxeberría y Hans-Peter Feldmann.

Concreta 03

Concreta 03 (primavera 2014) establece un recorrido entre la ficción, el recuerdo y la historia. Los artículos aquí reunidos invitan a volver al estilo, al matiz, a la individuación, es decir, a la fragilidad de un momento de cristalización de las experiencias. Cuenta con la colaboración de Vicente Ponce, Florencia Garramuño, Hasan G. López, Imma Jansana, Railuca Voinea, Alexandra Pirici, Manuel Pelmuș, Xavier Antich, Joan Fontcuberta, Kobena Mercer, Juan Pérez Agirregoikoa, Moyra Davey, Bárbara Rodríguez, Joana Hurtado, Beatriz Herráez, Philippe Artières, Joaquín Vázquez, Mar Villaespesa y Verónica Francés.

Concreta 04

Concreta 04 (otoño 2014) surge de una serie de cuestiones que tienen que ver con la apertura de espacios de posibilidad y desvíos en el espacio político: acciones singulares y propuestas de actuación comunes frente a fuerzas reaccionarias que tratan de imponer valores, crear sentidos, imprimir direcciones. El número cuenta con la colaboración de Marina Garcés, Miren Jaio, Clémentine Deliss, Niño de Elche, Jeff Wall, David Campany, Cabello/Carceller, María Virginia Jaua, Peter Pál Pelbart, Mauro Restiffe, Bleda y Rosa, Carles Guerra, Pascale Féghali, Sonia Fernández Pan y el colectivo Mujeres Creando.

Concreta 05

Concreta 05 (primavera 2015) recoge una serie de ensayos, conversaciones y proyectos que reflexionan sobre la aparición y la desaparición de las imágenes, es decir, cuestiones que tienen que ver con la iconoclastia, la profanación y el vandalismo. Cuenta con la colaboración de Pedro G. Romero, Pablo Lafuente, Jacques Rancière, Geoff Cox, Harold Berg, Ellef Prestsæter, Michael Murtaugh, Nicolas Malevé, Matthew Fuller, Dario Gamboni, José Díaz Cuyás, George Didi-Huberman, Andrea Canepa, Lourdes Castro, Alexander García Düttmann, Asier Mendizabal, Alberto López Cuenca, María Torres Martínez y Xavier Arenós.

Concreta 06

Concreta 06 (otoño 2015) plantea una reflexión en torno al espacio expositivo como lugar asentado y privilegiado para que el arte suceda o se active, así como sobre la condición material de la obra de arte, de su significación y de las relaciones que establece con diferentes contextos y públicos. Concreta 06 cuenta con la colaboración de Lucy R. Lippard, Mar Villaespesa, Tamara Díaz Bringas, Fernando López García, La Ribot, Peter Osborne, Edit András, Goshka Macuga, Anna Boghiguian, Grant Watson, Roman Ondák, Mireia c. Saladrigues, Antonio Menchen, Laura Vallés, Jaime Cuenca e Imogen Stidworthy.

Concreta 07

Concreta 07 (primavera 2016) propone una renovación del entendimiento de la práctica artística a través de un nuevo enfoque sobre la cuestión ornamental entendida como fuerza capaz de subvertir jerarquías visuales, sociales y políticas, y de plantear una serie de relaciones colectivas a partir de la cotidianidad. Cuenta con la colaboración de Marisa García Vergara, Teresa Lanceta, Lía Nin, Paulapé, Thomas Golsenne, Alfred Gell, Gabriela Kraviez, Jordi Bernadó, Oier Etxeberria, Sandra Santana, José Luis Castillejo, José Díaz Cuyás, Juan José Lahuerta y Prabhakar Pachpute.

Concreta 08

Concreta 08 (otoño 2016) reflexiona sobre las derivas de la filosofía de la fotografía donde la disciplina se entiende no solo como objeto de investigación —como imagen y práctica— sino como objeto teórico. Este cambio de estatus fenomenológico convierte a la fotografía en un modelo para pensar cuestiones éticas, políticas, antropológicas o epistemológicas que son cruciales en nuestro contexto social y cultural tanto presente como futuro. En este sentido, la fotografía ya no se enfocaría solo como imagen sino, ante todo, como un campo de relaciones donde se entreveran praxis y medios. Cuenta con la colaboración de Enric Mira, Claudia Andujar, Pablo Lafuente, Alexandra Moschovi, Mauricio Lissovsky, Miguel Benlloch, Ariella Azoulay, Teresa Arozena, Christopher Williams, Vilém Flusser, Paco Inclán, Greta Alfaro, Rafael Barber, Iris Dressler y Pedro G. Romero.

Concreta 09

Concreta 09 (primavera 2017) recoge una serie de conversaciones, materiales y textos que reflexionan sobre la idea del cuidado como condición interdependiente para la vida de humanos, no-humanos y más-que-humanos, es decir, como potencia para hacer visibles y tangibles los vínculos y las historias que nos unen entre nosotros, a los objetos y a los espacios. Relaciones prestatarias de un contexto político, socioeconómico y cultural que nos permite imaginar un tejido de vínculos tan complejo como diverso. Cuenta con la colaboración de Donna Haraway, Fabrizio Terranova, Soledad Gutiérrez, Ramón Lapiedra, María Puig de la Bellacasa, Maria Thereza Alves, Hamish Fulton, La Taula per la Partida, Eduardo Molinari, Laura Vallés, Agar Ledo y Alice Mortiaux.

Concreta 10

Concreta 10 (otoño 2017) plantea una reflexión en torno a las relaciones que se establecen entre la práctica del arte y el turismo en la tardomodernidad en las que la gradual musealización del mundo y la turistización forman parte de un mismo proceso. Una vez que la obra de arte deja de ser objeto de contemplación para convertirse en experiencia, seguir manteniendo el orden jerárquico entre vivencias auténticas y espurias resulta problemático. Para abordar estas y otras cuestiones, el número cuenta con la colaboración de José Díaz Cuyás, Eugenia Afinoguénova, Mariano de Santa Ana, Gilberto González, Dean MacCannell, James Meyer, Lena Peñate y Juan José Valencia, Richard Hamilton, Kelly Yeaton, Vicente Benet, Roberto Gil Hernández, Beatriz Herráez y George Maciunas.