es | en




Concreta 09

Intercambio

Donna Haraway es una investigadora notable en el campo de la ciencia y la tecnología, una feminista entusiasta de la ciencia y de la ficción que trabaja para construir puentes entre ambas disciplinas. Su reconocimiento comenzó en la década de los años ochenta a partir de su trabajo sobre cuestiones de género, identidad y tecnología que rompió con las modas dominantes del momento y abrió una puerta al feminismo serio, alegre y honesto. Haraway es una escritora nata que imagina universos llenos de esperanza y rebelión donde bichos e interespecies pululan en la era de los desastres. El director de cine Fabrizio Terranova visitó a Donna Haraway en su casa en California y prácticamente vivió con ella durante algunas semanas con el fin de producir un retrato fílmico poco convencional. Terranova propuso trabajar en el propio ambiente de la autora, usando escenografías atractivas que resaltaran el carácter lúdico, sensible e intelectual de la científica. El resultado es un retrato de la pensadora extraño, cándido y verdaderamente excepcional. Un año después del rodaje, Terranova y Haraway conversan, entre otras cosas, sobre la relevancia de las emociones en el pensamiento colectivo, las respuestas frente a la crisis global y política, su renovado compromiso con el feminismo y las diferentes escalas de este y otros mundos con motivo de Concreta 09 [1].

Fabrizio Terranova: La primera cuestión que surge en relación a la recepción de la película Story Telling for Earthly Survival (2016) (Narración para la supervivencia terrestre) es que facilita la entrada al mundo de Donna. Hace querer leer más, saber más... es increíble la capacidad para narrar que tienes. A veces la gente me dice que incluso ha llorado un poco mientras veía la película pues tus historias tienen una carga emotiva muy fuerte. Creo que una de las cosas a destacar es la emoción que provoca, cómo abre la puerta al universo de Donna.

Donna Haraway: ¡Vaya! Esto que dices me hace sentir verdaderamente bien porque creo que nosotros narramos juntos en esta película. Nos provocamos mutuamente para pensar en las historias que importan, especialmente ahora, en el mundo en el que estamos. Desde luego hoy, como ciudadana americana, no siento nada más que vergüenza, simplemente vergüenza, frente al cierre de las puertas a los refugiados. Incluso hace un mes, pensaba que llamar fascista al régimen de Trump era una indulgencia personal, que era terrible y demasiado extremo, pero que verdaderamente no era fascista. Sin embargo ya no pienso así, sí creo que es francamente fascista. Y esto no es autocomplacencia emocional. Trump lo está corroborando ya que sus objetivos son las personas más vulnerables: los refugiados, los inmigrantes sin papeles en este país, la gente que necesita asistencia médica... Como sabrás, incluso le ha dado un puesto permanente en el Consejo de Seguridad Nacional a su Jefe de Estrategia, Steve Bannon —el que era responsable del Breitbart: el imperio noticiario nacionalista defensor de la supremacía blanca—; y ha quitado del cargo al Director Nacional de Inteligencia y al Jefe de Estado Mayor Conjunto del Ejército. Ha eliminado a los profesionales y ha puesto al ideólogo de la derecha en el centro de su Consejo de Seguridad Nacional. ¡Es simplemente alucinante! Porque por mucho que me oponga a las fuerzas armadas americanas, están hechas de profesionales. Son personas que han recibido un entrenamiento. Son personas que han estudiado ley internacional. Son personas que se responsabilizan de aplicar esta ley internacional en caso de guerra. Son personas que tienen límites y Steve Bannon no tiene límites. Es un homófobo que cree y ha creído durante mucho tiempo en la legitimidad de la guerra de la cristiandad frente al Islam. Dio conferencias en el Vaticano hace unos años con este cometido. Bannon es un hombre peligroso, perverso y es el hombre que está dirigiendo a Trump.

Así que creo que lo que tratamos de hacer, Story Telling for Earthly Survival, esa actividad colectiva a la que todos nosotros nos hemos comprometido, alineándonos con lo que Isabelle Stengers y Philipe Pignarre subrayaron en La sorcellerie capitaliste, es abrirnos a la imaginación para evitar las alternativas infernales, el sentimiento de que no queda otra que dirigirnos a un tipo de violencia en respuesta a la violencia. Es decir, entender que estas alternativas no son las únicas y que podemos unir nuestras fuerzas y las de la tierra para proponer y representar otros tipos de mundos desde la resistencia y la invención. Ambas: resistencia e invención. Y ahora es difícil no sentirse abatido, no ver más allá. Y esto es una realidad en todas las partes del mundo. Así que siento que lo que estamos tratando de hacer es más importante que nunca, es extremadamente personal y extremadamente colectivo.



FT: Como eres una pensadora muy rápida, esto me lleva a mi última pregunta. Puedo ver cómo te está afectando lo que está pasando en Estados Unidos. Pero también aquí en Europa... estoy pensando en lo que tiene que ver con las micropolíticas y los cambios de escala. Me gustaría saber tu opinión sobre esto ahora que tenéis a Trump allí, aunque cosas terribles están pasando aquí también... Es como el miedo, está en todas partes. Y es verdaderamente desesperanzador. Así que, ¿cómo cambiar la escala para continuar imaginando otros mundos? ¿Forma parte de tu trabajo esta idea? ¿Qué te parecen las micropolíticas? De algún modo siento que ya no podemos ni respirar.

DH: Creo que todos estamos sintiendo a menudo ese peligro, ese desánimo, incluso miedo. Lo primero que haría en relación al lenguaje es no usar las palabras «micro» y «macro». En su lugar deberíamos disciplinarnos a describir sobre lo que estamos hablando. Por ejemplo, estuve en la Marcha de las Mujeres en Santa Cruz y desde luego que ocurrieron en todo el mundo, e involucraron a millones de personas que se juntaron en sus pueblos y ciudades, y fueron millones quienes celebraron una suerte de emoción cara a cara, fue un encuentro lleno de canciones, disfraces, eslóganes, rabia, energía, lleno de análisis astuto en muchos de los discursos, incluso de propaganda en los discursos... de esa que ya sabes, nos ayuda. Fue real y fue enorme, y no ha parado. En este sentido, es una cosa que crece, es una acción que está teniendo lugar. Por ejemplo, de nuevo, en mi propia localidad, que es solo una pequeña ciudad, un pueblo, están organizando equipos de respuesta rápida para defender a los inmigrantes. Están mandando autobuses repletos de gente de todo el Estado hacia Sacramento, con el fin de coincidir y presionar a la Asamblea de California para que refuerce su legislación en materia de asilo. La gente está haciendo llamadas a diario. Tiene los números de teléfono grabados en sus teléfonos móviles para mantener los buzones de voz llenos, tanto de los representantes de la izquierda como de la derecha. Son pequeñas cosas pero nos mantienen en movimiento en una suerte de rutina diaria. Conozco a mucha gente que se está obligando a hacer una cosa cada día en favor de la resistencia, solo una cosa cada día para resistir y participar en un tipo de política cara a cara y menos en una política de Internet. O si no menos en una política de Internet, asegurarse que la política de cada cual se refuerza en el cara a cara: encontrándose con la gente, haciendo marionetas, apareciendo en los ayuntamientos, participando en las manifestaciones... Las manifestaciones espontáneas en los aeropuertos en contra del veto a los musulmanes de Trump fueron muy interesantes, hubo una mezcla de gente muy diversa.

Así que por un lado, siento que la situación en la que nos encontramos no se produce solo en Estados Unidos, puedo ver lo que está pasando en Europa, en Filipinas, en todas partes, en Egipto, Turquía... ¿cómo no verlo? En Rusia, en Siria... También estoy viendo que la gente se está movilizando a un nivel que no se veía desde la Guerra de Vietnam: es una movilización global. Y recordar la Guerra de Vietnam creo que también ayuda a recordar que por muy terrible que fueran los días negros de la guerra y de la disputa nuclear entre la Unión Soviética y Estados Unidos, —que fueron muy negros—, el nivel de miedo era más alto, el peligro era mayor en relación al racismo, el sexismo, la xenofobia y la represión por la seguridad nacional. Todo esto está en nuestra historia reciente, así que creo que podemos perjudicarnos al pensar que lo que está pasando ahora no tiene precedentes. No nos acordamos que ya hemos luchado por estas cosas antes y que aunque los peligros son reales, nosotros también somos poderosos.

Existe eso que se llama «nosotros». Y creo que Trump y su gente están intentando hacernos olvidar que en realidad somos un colectivo. Estamos algo desorganizados en estos momentos, tenemos mucho que reinventar en relación a la estrategia, en nuestro movimiento, los sindicatos de trabajadores son débiles y corruptos, antes no lo eran tanto. Nos faltan algunos instrumentos, y es una lástima. Pero estamos en el lado de la mayoría, desde luego en Estados Unidos lo estamos, y creo que es así globalmente.

Veo a los artistas entre nosotros. Veo a los directores de cine como tú, pero también estoy pensando ahora mismo en mi amigo y compañero Gregg Mitman, quien está trabajando en Liberia con liberianos. Un estudiante suyo que estudia agricultura y que es un liberiano involucrado en los problemas de la tierra, está tratando de conseguir una ley más justa con el territorio que principalmente da derechos de propiedad a los dueños de las tierras consuetudinarios que no tienen derechos legales sobre sus terrenos: el 90% de indígenas de Liberia. Ha estado trabajando intensamente en la producción cinematográfica a favor de los liberianos. Vino y mostró la película, que es maravillosa, y habló sobre la gente que estaba trabajando junta, una problemática de largo recorrido para finalmente conseguir una ley decente en lo que ha sido una zona de guerra terrible en África.

Esto es simplemente un pequeño ejemplo de un historiador de la ciencia, un artista y gente involucrada en los conflictos del territorio. Podemos mencionar ejemplos en todas partes: las manifestaciones por el oleoducto de Dakota, el trabajo en Alberta del Norte en relación a las arenas alquitranadas y al fracking... y una pequeña cosa que estaba leyendo antes de que habláramos hoy sobre una mujer en Seattle que se ha dedicado a construir corredores para los insectos polinizadores y silvestres —no las abejas que son la especie trabajadora agricultora—, sino los insectos nativos, y hay cientos de especies en Estados Unidos y en otros lugares que viven fragmentados de sus hábitats y que se están muriendo porque no pueden volar de una parte a otra de la población ya que no tienen estos corredores. Y esta mujer ha estado coordinando un grupo de personas para que plante en sus ciudades, empezando por Seattle, buscando tiras de plantas nativas en sus patios, en sus entradas de casa, en los jardines de la ciudad, en nuestros aparcamientos. Esta mujer está organizando corredores para cientos de especies nativas polinizadoras. Yo no llamaría a esto «micro», ¿sabes lo que quiero decir? Es real y está tomando medidas en el mundo para hacer de él un lugar habitable para la justicia medioambiental de interespecies.



FT: Este punto es muy importante para mí. Quizás puedas desarrollar esta diferencia en relación al cambio de escala y las micropolíticas, porque de algún modo en este momento siento que necesitamos ese concepto de micropolíticas. De algún modo todo es enorme. Aunque entiendo lo que quieres decir, me gustaría saber un poco más.

DH: No me gusta llamarlo «micro», porque eso implica que es pequeño y que otra cosa es grande y no creo que esto ayude, creo que trabajamos a muchas escalas a la vez y yo destaco la importancia de trabajar con gente en lugares reales, con caras reales, con historias entre ellos, generando nuevas formas de amistad y alianza. Creo que trabajar en un lugar es fundamental. Este lugar puede ser tan pequeño como un barrio en Seattle o tan grande como una coalición regional que intenta desarrollar una política de asilo. Lugar es una idea compleja pero es el tipo de compromiso para involucrar realmente nuestros cuerpos, mentes y emociones, involucrar todo nuestro ser en el trabajo con personas por algo que nos importa, y rechazar el «no hacer nada y criticar»: una suerte de echarse atrás y criticarlo todo, en lugar de arriesgarse a hacer algo con gente de verdad. Especialmente cuando te sientes desalentado, porque de este modo nos transmitimos fuerza los unos a los otros. En primer lugar, hacer algo en un lugar, algo tan pequeño como construir un pequeño corredor para polinizadores en Seattle. Es importante hacer crítica, es importante hacer análisis, es importante mencionar cómo los poderes se reordenan, cómo la desigualdad se profundiza, cómo lo público y lo colectivo está siendo debilitado a través de muchos dispositivos, etc. Es importante realizar esta crítica pero debe hacerse en conexión a una política que se dirija a lo que se está criticando y que emplee esa crítica para contextualizar el sentido de prioridad de cada uno, que pasa por incluir las prioridades que implican darnos fuerza los unos a los otros. Creo en esa idea de dar algún tipo de satisfacción el uno al otro cuando se sabe que lo que se está haciendo ayuda a nutrir el valor del mundo en el que vivimos. No estás trabajando para detener el terror, estás trabajando para un mundo que está verdaderamente repleto de interespecies y justicia medioambiental y esta incluye a la gente pero no solo a esta. ¿Sabes? Hay una canción de Holly Near, una cantante folk americana que me encanta. Déjame leer el primer verso porque yo me lo leo a mí misma cuando me siento un poco abatida. Dice así:

Estoy abierta y estoy dispuesta
Sentirse desesperanzada sería tan extraño
Deshonra a aquellos que fueron antes que nosotros
Así que elévame a la luz del cambio Hay dolor en mi familia
Hay tristeza en mi ciudad
Hay pánico en la nación
Hay un muro de las lamentaciones alrededor del mundo
Quizás los niños vean más claramente
Quizás los mayores sean más sabios
Quizás los vientos del cambio nos acaricien Incluso si arden nuestros ojos
Dame un roble poderoso para soportar mi confusión
Dame un desierto para soportar mis miedos
Dame un amanecer para soportar mis sorpresas
Dame un océano para soportar mis lágrimas
 [2]

La canción se llama I am open and I am willing (Estoy abierta y estoy dispuesta). Es una mujer de California de mi edad más o menos, quizás más joven que yo. Una cantante de folk importante y una activista política desde hace mucho tiempo. Su canción es mucho mejor que la que habrás escuchado si has estado viendo las manifestaciones americanas, la de Woody Guthrie, This Land is You Land, This Land is My Land (Esta tierra es tu tierra, esta tierra es mi tierra). Cada palabra en esa canción me hace sentir vergüenza ajena porque menosprecia los derechos de la tierra de los indígenas, porque celebra que la tierra se hizo para ti y para mí. Pues bien, ¡no es verdad! Fue tomada. Todavía está tomada. La acción permanente más importante en este país es la del oleoducto de Dakota del Norte con la protesta de la tribu sioux Standing Rock que se organiza en manifestaciones que involucran varias naciones. Cantar This Land is Your Land This Land is My Land en el oleoducto, en la cara del colonialismo de asentamientos es embarazoso... Así que tenemos que cambiar la canción por la de Holly Near.



FT: ¡Eso haremos! Cuando hablas de generar alegría y no conflicto en relación al terror, me pregunto qué sentimientos te produce la película un año más tarde del rodaje. Porque este tipo de alegría a la que te refieres es el tipo de emoción que gente que ve la película dice que tiene... ¿Cuál es tu posición personal con respecto a las emociones que genera Story Telling for Earthly Survival? ¿Cómo permanece en tu cabeza?

DH: Las fotografías sí que circulan en mi cabeza de vez en cuando, pequeños fragmentos e imágenes. Quizás más intensamente por Shindychew, nuestro nuevo perro. Mi pareja Rusten y yo estamos aprendiendo quiénes somos de nuevo como especies de compañía. La película infunde un saludo de Cayenne —mi anterior perro—, como un ser palpable, y después como fantasma: un antepasado animado que viene al presente y todavía nos da fuerzas para continuar. La presencia de Cayenne en la película me da fuerzas para continuar del mismo modo en el que nuestros difuntos nos han querido y a los que hemos querido lo hacen. Puede ser tu madre, amigos de otros, humanos y no-humanos, que nos empujan a seguir, quienes como antepasados nos recuerda la intensa belleza de ser amado y amar. Y eso da a uno un tipo de satisfacción que no siempre es divertida, no siempre se trata de un tipo de satisfacción jovial, sino un tipo de satisfacción enérgica. Las escenas con Cayenne son desde luego así. Pero como sabes, la película está llena de vida y de muerte, ambas. Hay escenas que incluyen a Jaye, mi pareja y a la pareja de Rusten. Mis parientes, mi familia. Hay muchos loops temporales, muchos juegos de cuerdas. Me encanta cómo la película hace loops temporales. Cayenne se muere al tiempo que vive y, de pronto, suena la canción de los Gipsy King, la favorita de Jaye. Jaye era pura alegría. La semana antes de que muriera estaba en la plaza Healdsburg bailando con su bolsa intravenosa pegada al brazo, danzando en ovación a la música en directo. Esto me recuerda a Starhawk, la bruja feminista que es tan importante para Isabelle Stengers, una defensora de los activistas presos en los actos de resistencia antinuclear directa, no violenta, a través del baile, un baile a la viveza del mundo que nos obliga a recordar que la tierra no está acabada. El «dios del cielo» quiere que pensemos que la tierra está muerta, pero no lo está. ¿Conoces la historia de Chicken Little? Donde Chicken Little corre de un lado a otro diciendo a todo el mundo que el cielo se está cayendo, el cielo se está cayendo...

FT: No, no la conozco...

DH: Desde luego que el cielo no se está cayendo, pero Chicken Little, aterrorizado, convence a todo el mundo de que el cielo se cae. Recuerdo cómo en la universidad escribí una pequeña historia sobre Chicken Little donde finalmente se convence de que el cielo quizás se esté cayendo pero no se ha caído todavía. ¡Así que mejor que nos pongamos manos a la obra! ¿Sabes? Puedes pensar que el cielo se está cayendo si quieres, pero desde luego la historia no ha terminado.

Creo que vivimos en un mundo oportunista. El suceso compartido de la evolución de las criaturas mortales en la tierra se debe a la fuerte atracción de las moléculas de los unos a los otros, la fuerte atracción de las células y sustancias, la invención de algo nuevo para superar cada día, la invención de ritmos, de ritmos circadianos, de los ritmos del día y la noche... La invención de vivir y morir en este mundo está llena de fuerzas que atraen y conectan, y siento que hemos estado demasiado hipnotizados con el «dios del cielo», que hemos terminado creyendo que el pensamiento no es apasionado, no es enérgico... y simplemente no es verdad.

FT: Parece un poco genérico referirme a esto, pero es importante para mí saber qué sientes sobre uno de los componentes más fuertes en la película que tiene que ver con tu posición en relación al feminismo como movimiento. Creo que en un mundo como el de hoy es maravillosa la herencia que recibimos. ¿A ti qué te parece?

DH: Creo que me siento reforzada y renovada con mi compromiso hacia el feminismo. Hubo un período, no hace mucho, cuando la gente tenía miedo de llamarse feminista. Parecía sofisticado, o quizás, ya sabes, alguien podía decir: «desde luego que estoy a favor de esto u esto otro para la mujer, pero no necesito llamarme “feminista”». Creo que la gente está abandonando esa idea y recordando que el feminismo es finito y complicado, repleto de malos momentos. El feminismo es un movimiento muy importante, lleno de fallos, pero que cambia el mundo. Lleno de mujeres, hombres y otros, que marcan la diferencia en el mundo. Las manifestaciones y las Marchas de las Mujeres alrededor del mundo son un buen ejemplo. La organización de las marchas fue imperfecta, comenzó con mujeres blancas que no pensaron con claridad la obligación crítica de iniciar un liderazgo con un grupo diverso en la organización desde el inicio. «No puedes organizar esto así, son mujeres blancas», etc. Les llamaron la atención. Las marchas fueron imperfectas en su origen pero la antigua herencia del inconsciente racista de la mujer blanca fue mencionada muy rápidamente en la apertura del evento. Fue imperfecto pero a pesar de todo abordado. En otras palabras, sus defectos fueron evidentes, no se trata de una organización perfecta. El feminismo es muy diverso. Me viene a la mente las acciones de las líderes de las Black Lives Matter, las mujeres que esencialmente empezaron y animaron a Black Lives Matter, quienes pertenecieron a una herencia del movimiento de la mujer feminista rica y compleja. El feminismo no está lleno de paz, está lleno de «conflicto y colaboración» —una expresión de Angela Davis—. De esto trata el feminismo. También se trata de un tipo de afirmación hacia la posibilidad de poder progresar sin dominación, centralmente de género, pero género interconectado con todo, con un fuerte análisis interseccional. No puedes hablar de dominación de género sin hablar también de todo lo demás. Puedes destacar o verificar diferentes tipos de objetivos en diferentes momentos, pero no tienes por qué hacerlos todos a la vez, las conexiones son incesantes.

Creo que el feminismo es un movimiento comprometido en la conexión de un modo antijerárquico, más de lo que nunca fue el marxismo. Por supuesto el feminismo ha fallado en este sentido, pero en su núcleo más profundo es un movimiento comprometido con la activación de la prosperidad de la gente. Miro a las líderes del mundo y, dios mío, están en todas partes. Creo que por lo general, el feminismo no es sexista, sino que todo el mundo que quiera participar es bienvenido. Veo mujeres tomando la iniciativa. Escuché el discurso de Angela Davis en la Marcha de las Mujeres de Washington y me conmovió su claridad de análisis y su continuo tesón frente a los conflictos permanentes. Y como acabo de mencionar, la expresión «mujeres en conflicto y colaboración» es de ella. Fue un término que utilizó para describir a una organización que comenzó en la Universidad de California en Santa Cruz cuando enseñaba allí.

No puedes esperar estar sin conflicto en tus movimientos, pero sí pretender construir a partir de las personas que se preocupan por los demás, que cuidan unos de otros, en conflicto y colaboración. Entiendo el feminismo de esa manera. También creo que las feministas han sido muy abiertas sobre la justicia medioambiental de interespecies. La justicia medioambiental no puede ser un asunto humanista. El bienestar terrícola recíproco está en el centro de los valores feministas.

FT: La pregunta de ahora también está relacionada con esta conversación para Concreta y tiene que ver con mi trabajo, porque esto no lo dejé en la película. Se refiere a cómo recurres a la obra de algunos artistas, digamos menos conocidos, y al modo en el que les ves. Porque recuerdo una frase que me dijiste cuando te pregunté por el uso de las imágenes en tus presentaciones a lo que respondiste: «yo necesito trabajar con la belleza».

DH: Esto es parte de la necesidad de trabajar con ese acceso al placer. Y la belleza parece ser intrínseca a las criaturas biológicas: los extraordinarios estampados, los colores y la conectividad de las criaturas en la tierra... Creo que el mundo viviente es asombrosamente bonito. Bonito y atractivo no significan lo mismo. Pero la fuerza de la belleza en el mundo habitable ha sido muy importante en mi vida. Me siento especialmente atraída por artistas biomórficos, artistas que hacen patrones biomórficos de diversas maneras, así como de los artistas que están comprometidos con el relato, quienes participan de la narración sin vergüenza, quienes no se preocupan sobre si es o no sofisticado, quienes no tienen miedo a la narración... Desarrollé esta posición hace muchos años en el período de la teoría del cine feminista, cuando había una corriente fuertemente antinarrativa y antiestética. Me daba la sensación de que todo el mundo que venía a dar una conferencia a las diferentes universidades donde iba, o en mi propia universidad, todo el mundo iba de negro, según recuerdo. Consideraban el color como menos refinado o algo, quizás algún rojo más oscuro aquí y allí. Primero me di cuenta de que esto me irritaba... ¿Quién narices se creen que son? Después me hizo simplemente gracia... la pretensión teórica, las pretensiones antinarrativas y la fuerza y severidad del compromiso hacia una suerte de conocimiento que parecía anticorpóreo, sin color. Desde luego, pasaron muchas cosas durante el período de la teoría del cine feminista que fueron fantásticas e inteligentes. Adopté la teoría y mucha gente lo hizo también, estoy exagerando con respecto a la ropa. Pero vi claro lo mucho que me importaba el color y las formas biodinámicas y biomórficas.

También cómo siempre me han afectado los artistas que no han tenido miedo de la narración y de su amor por el mundo biológico. Y durante bastante tiempo estos artistas no han sido considerados los artistas más destacados. No me importa demasiado si alguien es un artista destacado, sino si su trabajo es bueno. Me afecta el trabajo potente, y me desactiva de alguna manera el que parece trivial. Es una cuestión de gusto pero no es aleatoria. Se trata de una cuestión del cara a cara y del tacto. Muchas de las artistas que han entrado en mi propio trabajo son personas cuya obra he visto en directo y que he conocido. He tenido un intercambio bien en persona, por email o ambas cosas. Hemos colaborado en alguna pequeña pieza. Las artistas que me han afectado las he acabado conociendo personalmente. Margaret y Christine Wertheim con sus arrecifes de coral de ganchillo, Lynn Randolph con sus primeras pinturas que fueron tan influenciadas por la frontera Texas- México, también su trabajo sobre los retablos mexicanos. The Passion of OncoMouse es un buen ejemplo de esta influencia. El trabajo de Patricia Piccinini, Shoshana Dubiner... con todas estas personas he terminado colaborando, aunque la relación no comenzó de esta manera. Quizás les escribí para pedir permiso para utilizar una de sus imágenes en una publicación y luego empezamos una correspondencia, y después seguimos desde ahí. Así, el arte que más utilizo es el arte de gente que termino conociendo, y lo utilizo porque de algún modo me afecta, al principio temáticamente. Estoy escribiendo sobre algo y veo una pintura o una performance... es relevante temáticamente y me da ideas. Y si es temáticamente relevante y también potente, me da más que ideas, empieza a afectarme a un nivel inconsciente del proceso creativo. Y me doy cuenta de que este trabajo me está cambiando que me permite hacer algo de un modo que antes no podía. Y entonces hago proposiciones de nuevo en el sentido de Isabelle Stengers, que es un tipo de proposición, un tipo de oferta, a veces a artistas o de artistas hacia mí, un tipo de planteamiento que termina cambiándonos a los dos. Ese tipo de proceso.

FT: Sí, una pequeña nota sobre esto porque me interesa mucho. A veces pienso que hay algo que no funciona en el uso del arte conectado a un tipo de pensamiento más potente. Creo que hay muchas referencias a tu trabajo en el arte contemporáneo y creo que estas pueden ser fantásticas, claro, pero también creo que es un modo con el que dar forma pero no sustancia. Mencionan tu trabajo, pero no entran en él. ¿Sabes lo que quiero decir? ¿Cómo te sienta? Quizás no en términos de bueno o malo pero de algún modo la relación entre tu trabajo y el trabajo de otros puede verse comprometida.

DH: Es difícil responder a esto de un modo general, porque para mí son cosas muy específicas. Surgen a partir de un contacto para una exposición en particular, un artista en concreto, una historia corta, un poema. Luego se convierte en algo infeccioso; me lleva a lugares donde no sabía que estaba ni siquiera yendo. He sido relativamente indiferente al arte modernista, pero no del todo, depende... También hay otro aspecto: si alguien que me importa ama algo yo aprendo a amarlo también, incluso si no tengo ni idea de cómo. La pasión de amigos, colegas, y compañeros de trabajo, pensadores, se me infecta. Creo que todos los seres humanos tenemos esta capacidad a un nivel u otro pero creo que quizás yo tengo un poco más que otras personas. Puedo rápidamente habitar los deseos y amores de otras personas. Cobran sentido muy pronto y esto ha influido en todo lo que he hecho. Y creo que eso es parte del motivo por el que hago el tipo de citación que hago en mi trabajo. No se trata de ser correcto dando créditos, sino más bien honrar el modo en el que otros modos de trabajar en el mundo son contagiosos para mí. Pero también odio cuando mi nombre su usa o se cita como decoración y no como aproximación a mi trabajo. ¡No quiero hacer eso con las artistas que han llegado a dar forma profunda a lo que hago!



FT: En esta situación, con esta conmoción con el equipo de Trump pero también con la alegría de la película, ¿cuál es tu pequeño apéndice para Camille, el nuevo personaje que propones al final de tu libro Staying with the Trouble? Creaste esa fábula ficticia como parte de un taller de escritura dentro del coloquio Gestes spéculatifs de Isabelle Stengers en el verano de 2013. En él describes a Camille como la guardiana de los recuerdos de las carnes del mundo que quizás sean habitadas de nuevo. Camille es una de las niñas del abono que maduran la tierra para decir no al poshumanismo de cada momento.

DH: Mi amiga aquí en UCSC, Rachel Cypher, una estudiante en antropología empezó a escribir sus propias historias sobre la comunidad del abono en Argentina junto con otro personaje. Y estoy empezando a darme cuenta de que si la gente empieza a escribir sobre las comunidades del abono y empieza a poblarlas con simbiontes además de Camille, cosas increíbles emergen. Después de tres generaciones de comunidades del abono había millones de simbiontes vivos en el planeta tierra y muchos eran combinaciones, establecían vínculos sociales de interespecies complejas. Así que creo que el camino que la historia de Camille debe adoptar tendrá que ver con la ampliación de sus jugadores, sumar historias. Y además es parte del apéndice, bueno, en realidad no es un apéndice. La historia de Camille tiene muchas funciones y muchos hilos pero uno de ellos desde luego es imaginar cómo disminuir los números humanos en unos doscientos años a un nivel que sea menos mortífero para la gente y para los más-que-gente, y toda esta cuestión de los números de la tierra. Continúo trabajando en ello. No tanto sobre Camille como el personaje principal pero he estado tratando de escribir sobre dos grupos que se llaman los «nacidos» y los «desaparecidos». Los «nacidos» incluyen a la generación de la Segunda Guerra Mundial, los animales industriales, la explosión del consumo de mascotas, la explosión de la población humana de extracionistas de la tierra, y el empobrecimiento de los más necesitados, en primer lugar. Por otro lado esta el enorme número de «desaparecidos», la generación que falta por los genocidios, los desaparecidos entre las especies cuyos números se han visto reducidos o simplemente han sido barridos, los billones entre billones de desaparecidos. No creo que los «nacidos» puedan pensar sin los «desaparecidos». Así que pensar sobre la población no puede ser simplemente un juego de estadísticas, sino pensar en quién vive, quién muere y cómo, en este mundo de gran crecimiento. Porque vivimos en un mundo de crecimiento llamado capitalismo y, en un régimen de gran crecimiento, ¿quiénes son los que nacen y quiénes los que desaparecen?



Notas bibliográficas:

[1Esta conversación tuvo lugar el 24 de enero de 2017.

[2I am open and I am willing / To be hopeless would seem so strange / It dishonors those who go before us / So lift me up to the light of change / There is hurting in my family / There is sorrow in my town / There is panic in the nation / There is wailing the whole world round / May the children see more clearly / May the elders be more wise / May the winds of change caress us / Even though it burns our eyes / Give me a mighty oak to hold my confusion / Give me a desert to hold my fears / Give me a sunset to hold my wonder / Give me an ocean to hold my tears