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Entreacto

El espacio expositivo de obras de arte se ha consolidado en nuestro imaginario como un lugar donde se da a conocer el trabajo artístico realizado en diferentes épocas y lugares. Lo entendemos como un símbolo de conservación, catalogación y contemplación del proceso creativo, pero también como lugar donde se propone la investigación artística. Antes de que existiesen los museos o instituciones estrictamente preparadas para el acondicionamiento y exhibición de obras de arte, existió otra forma particularmente interesante de admirar y exponer los objetos coleccionados. Me remito sobre todo a los siglos XVI y XVII donde, a causa de los descubrimientos y exploraciones, era posible reunir objetos pertenecientes a otras culturas y que resultaban extremadamente valiosos para el conocimiento de la naturaleza y de otras sociedades. Al principio se exhibían en armarios de madera, aunque pronto pasaron a ocupar una habitación, a estos espacios se les llamó «gabinetes de curiosidades » o «cuartos de maravillas». En ellos se podía encontrar todo género de objetos, incluyendo obras de arte, antigüedades, reliquias y sobre todo objetos pertenecientes a la historia natural.

Los gabinetes creados en ambientes domésticos y familiares por aquellos que tenían recursos para viajar, reunían en sí varias ideas como la de exposición, colección y preservación, la de investigación o la de enseñanza. Más tarde, y a raíz de los gabinetes, surgieron los museos que se establecieron en la sociedad bajo los mismos principios que siguen estando vigentes a día de hoy. A pesar de su inmenso trabajo, una de las cosas que los museos tienen tendencia a perder es la sensación de descubrimiento o exploración por parte del visitante, algo que tal vez fuera lo más importante en un gabinete de curiosidades. En los museos, el artista, comisario o director se desplaza dentro de pautas preestablecidas y aún sabiendo que cada exposición puede ser algo completamente nuevo, en cierta medida el visitante sabe lo que va a encontrar. Sea por una cuestión del lenguaje formal de la exposición o incluso por una cuestión conceptual, nos perdemos en lo que ya conocemos, o simplemente ya no nos sorprende, estableciendo una relación de mero observador con la obra y el espacio.

Desde una realidad muy diferente, surge un nuevo concepto de lugar para ver obras de arte en las ciudades. No se encuadra en la propuesta de galería o de librería que conocemos, pero la mayor parte de las veces continuamos llamándolas librerías, ya que en su mayoría lo que contienen son libros. Quizá lo más correcto sería denominarlas librerías especializadas en publicaciones hechas por artistas. En ellas podemos encontrar libros de artista y fanzines, carteles, fotografías, grabados o serigrafías. Estos espacios son buscados por artistas, coleccionistas o editores con un fin expositivo y adquisitivo, pero sobre todo como fuente de investigación sobre el mundo del arte. Podemos decir que esta característica es una de las más destacables, muchos de los clientes están interesados en una fuente fresca de información sobre los proyectos en desarrollo actualmente. A ellos también se juntan diseñadores que buscan nuevos grafismos y nuevas formas de comunicación visual y como no, todas aquellas personas a las que les gusta el arte, los libros o simplemente descubrir nuevas cosas disfrutando del efecto sorpresa.

Varios fueron los momentos a lo largo de la historia del arte en que los libros ocuparon un papel privilegiado, pero tal vez el que más nos puede interesar por su proximidad temporal y por su clara influencia en lo que estamos tratando, fue generado por el grupo Fluxus. Nacido en Nueva York al inicio de la década de los sesenta, Fluxus contaba con un grupo de artistas internacionales, entre ellos Nam June Paik, George Brecht o Robert Morris y estuvo liderado por George Maciunas. Sus obras se han manifestado en diversas formas incluyendo música, performance, poesía, película, carteles, múltiples y libros. En esta dinámica, Fluxus representaba las ideas de fluidez, connotación o fusión, y estos ingredientes son los pilares de las librerías a las que hacíamos referencia. Encontramos en ellos la unión entre disciplinas y la abertura a una nueva experiencia, a algo que motive nuestra curiosidad por el objeto artístico.

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Grabado anónimo del Museo de Ferrante Imperato, Nápoles,1599. Incluido en el libro Dell’Historia Naturale de Ferrante Imperato.


No es coincidencia que las obras de Fluxus se encuentren en algunas librerías, por una parte son un marco para su existencia, por otra, porque son buscadas por muchos coleccionistas. Es el caso de Printed Matter, fundada en Nueva York en 1976 por artistas y que lleva desde entonces promocionando el libro de artista o cualquier género de creación editable. Printed Matter se ha establecido desde su origen como un importante centro artístico encontrándose con obras que a día de hoy son buscadas para completar colecciones. En sus estanterías podemos encontrar nombres tan prestigiosos como Ed Ruscha o Lawrence Weiner, pero sobre todo nombres desconocidos que forman parte de un abanico de artistas emergentes de todas las partes del mundo. Esto lleva a que los coleccionistas se interesen no sólo por libros de artistas consolidados, sino también por fanzines o piezas musicales de artistas que no conocen. Gracias a ello, las obras se mueven bajo el interés por la creación artística y no tanto por una perspectiva de inversión.

Junto a Printed Matter encontramos otras librerías que actualmente configuran el mapa estratégico para la distribución de libros de artista. Entre ellas, Motto, ubicada en Berlín (su primera tienda), Zürich, Vancouver, Melbourne, Wiels, Kunsthalle Basel y Charlottenborg e Inc. Edições en Porto. Con una interesante selección de fotografía sobresale la librería y editorial Dashwood Books en Nueva York. Igualmente destacable por su interés en fanzines, es la editorial Nieves, nacida en Zürich y también presente en Londres. En España podemos hablar de Múltiplos en Barcelona y Ediciones Originales, con sede en Granada y Barcelona. Mas allá de sus tiendas físicas, la forma de distribución principal son las tiendas por internet donde podemos encontrar todo el stock de libros y fanzines. Estas librerías tienen una fuerte presencia en las redes sociales, pues su forma de actuar se basa también en los propios mecanismos de la web.

Los espacios referidos son apenas un apunte en el mapa de librerías, distribuidoras o editoras. Las conexiones existentes entre ellas y los artistas hacen que se creen vías alternativas al mercado del arte. Las ferias y mercadillos de libros de artista son una de las vías que en los últimos años han hecho que el mercado se expanda. En España hemos visto como Libros Mutantes en La Casa Encendida reunía una vasta gama de publicaciones así como también Arts Libris en Barcelona. En una dirección más independiente, en Valencia se celebra El Tenderete, festival de autoedición gráfica y sonora que reúne muchos de los colectivos locales dedicados a la autoedición, así como otros de ámbito internacional. En estas ferias, las conferencias, conciertos y talleres fortalecen el objetivo de ampliar el diálogo sobre el mundo de la autoedición y de las formas de distribución. Uno de los más importantes centros de diálogo ocurre en la New York Art Book Fair organizada por Printed Matter y que tiene lugar todos los años en el MoMA PS1. Aquí se reúnen personas de todas las áreas artísticas y de todas las partes del mundo abriendo definitivamente la puerta a la reflexión sobre las ediciones y su importancia en el ámbito artístico. Una experiencia similar ocurre en la Whitechapel Gallery, donde The London Art Book Fair se celebra cada año. Del mismo modo sucede en Japón en The Tokyo Art Book Fair organizada por Zine’sMate cada año. Las ferias o librerías son un vehículo más en el mercado del arte, pero ahora el artista, con la ayuda de las nuevas formas de difusión, tiene mayor poder de decisión sobre su futuro.

En cuanto a las colecciones es de interés hacer referencia a la colección de la Universitat Politècnica de València, la cual se expuso en 2008 en la Sala Capitular de la Biblioteca Valenciana y, a partir de la cual se ha publicado un catálogo titulado El Llibre, Espai de Creació. La colección está organizada en varias secciones, en una de ellas llamada La revolución editorial podemos encontrar piezas clave como An Anthology del grupo Fluxus o Every Building on the Sunset Strip y Some Los Angeles Apartments de Ed Ruscha. Aparte de estos ejemplos históricos, la Universitat Politècnica de València ha incorporado a su colección muchos artistas locales, lo que hace que este libro sea una mirada interesante del panorama valenciano. Entre todos me gustaría hacer referencia al libro Regards de Verónica Alarcón, Carta de un exiliado de Didac Ballester y Roger Colom y Geografía urbana en conserva de Mª Ángeles López. Los artistas y libros presentados en la colección se han dado a conocer gracias a los mecanismos anteriormente referidos, despertando el interés de una institución como la universidad que en consecuencia crea su propia colección de libros de artista.

Nuevos coleccionistas surgen en un mundo más abierto gracias a las personas que impulsan plataformas alternativas a las galerías o museos. Se rompen esquemas y el sistema se torna más autónomo. Los artistas autoeditan sus libros, abren espacios para su divulgación e impulsan charlas, exposiciones o ferias dando paso al diálogo y al conocimiento. Son las librerías y las ferias las que permiten que nos acerquemos a los libros o los raros fanzines y es en ellas donde nos volvemos a sorprender. Entramos en estos espacios y sentimos que estamos en un universo que no conocemos del todo, porque de alguna manera, eso se han propuesto todas aquellas personas que lo han creado. Saben que el espacio es un contenedor para objetos que invitan al descubrimiento, de la misma forma que un gabinete de curiosidades también invitaba a entender un nuevo mundo. Hoy, ya no son sólo unos cuantos privilegiados los que pueden acceder a estas rarezas, la democratización de los medios ha permitido la circulación de conocimiento. Haciendo una vez más un guiño al grupo Fluxus, las librerías y ferias, o en definitiva el propio libro, sirven de medio para vincular el pensamiento artístico con la vida cotidiana de quien lo intersecta. El libro es un objeto íntimamente relacionado con la cultura y el conocimiento que se ha expandido entre nosotros rompiendo barreras sociales y acercando realidades. En el ámbito artístico el libro se torna un arma usada para el mismo fin, ya que tiene la capacidad de accionar la unión de intereses o ideas llevando la alta esfera del arte a fundirse con un arte más popular. En este sentido, el libro, por su capacidad de expansión y repetición, es también sinónimo de fluidez e interacción de pensamiento, efectuando una función social e inevitablemente política.